Guía del Paciente/Cámara hiperbárica
Guía · HBOTTu sesión en la cámara hiperbárica.
Ya tenés turno. Esto es lo que conviene saber antes de entrar: cómo prepararte, qué vas a sentir y lo único que hay que aprender a hacer, que es compensar los oídos. Se lee en cinco minutos y alcanza para toda la serie.
Cuál de las tres cámaras te toca
El centro tiene tres, y no dan la misma experiencia. Cuál usás no lo elegís vos de un menú: sale de tu evaluación y de lo que se busca en tu caso.
- Monoplaza. Entrás solo. Es la más silenciosa y la más íntima, y también la que más impresiona si los lugares cerrados te incomodan. No estás sin supervisión: el equipo te ve y te escucha desde afuera durante toda la sesión.
- Biplaza. Para dos personas.
- Multiplaza de seis puestos. Hay más gente adentro y da bastante menos sensación de encierro. Es también la que exige más puntualidad, porque la sesión arranca para todos a la vez.
La presión a la que se trabaja tampoco es un número fijo. En nuestras cámaras el rango va de 1.8 a 2.4 ATA, y dónde cae tu sesión dentro de ese rango es parte de la indicación médica, igual que cuántas sesiones tiene tu serie.
Antes de venir
Nada complicado, pero estas cuatro cosas cambian cómo te va a ir adentro.
- Comé algo antes. Es lo contrario de un estudio: acá no hay ayuno. El oxígeno a presión tiende a bajar la glucosa en sangre durante la sesión y un rato después, así que venir sin comer es la receta para salir flojo y mareado. Si tenés diabetes o tomás medicación que baja la glucosa, decilo: el equipo lo tiene en cuenta.
- Sin alcohol las 12 horas previas. Deshidrata y complica la compensación de los oídos.
- No fumes cerca de la sesión. Ni un par de horas antes ni un par después. El monóxido del cigarrillo compite por el mismo lugar donde queremos que vaya el oxígeno, así que fumar alrededor de la sesión le resta a lo que viniste a buscar.
- Tomá agua. Llegar bien hidratado ayuda, y salir hidratado también.
Qué llevar y qué dejar afuera
La cámara es un ambiente rico en oxígeno y a presión. Ahí adentro, cosas que afuera son inofensivas dejan de serlo: el oxígeno no se prende fuego solo, pero hace que todo lo demás arda mucho más fácil. Por eso la lista de lo que no entra es corta y no tiene excepciones.
Vení con
- Ropa cómoda de algodón
- El pelo seco, sin productos recién puestos
- Tus anteojos si los usás
- Ganas de estar una hora sin el celular
Dejá afuera
- Encendedores y fósforos, sin excepción
- Aparatos con batería
- Perfume, desodorante en aerosol y cremas oleosas puestos recién
- Relojes que no sean aptos para presión: se arruinan
El equipo te da la lista exacta el primer día y te ayuda a guardar todo. No es una prueba de memoria: si trajiste algo que no va, se guarda y listo.
Los oídos: lo único que hay que aprender
Es la única sensación de la que todo el mundo se acuerda, y la única que depende un poco de vos. Cuando la cámara empieza a presurizarse vas a sentir los oídos tapados, igual que cuando un avión baja. Pasa porque la presión de afuera empuja el tímpano hacia adentro, y se resuelve dejando entrar aire por dentro para emparejar.
- Tragá saliva. Es lo más simple y a mucha gente le alcanza. Un sorbito de agua ayuda.
- Bostezá o movés la mandíbula como si masticaras. Abre las trompas de Eustaquio, que son los conductos que conectan la garganta con el oído medio.
- Si eso no alcanza, hacé la maniobra de Valsalva: tapate la nariz con los dedos, cerrá la boca y soplá suave, como si inflaras un globo muy despacio. Vas a sentir un clic y el oído se destapa.
Dos reglas que valen más que la técnica. La primera: compensá temprano y seguido, desde que arranca la compresión, sin esperar a que moleste. Si esperás a que duela, ya se hizo más difícil. La segunda: nunca fuerces. Un Valsalva a lo bruto contra una trompa tapada es justamente lo que lastima el oído.
Si un oído no se destapa, decilo en el momento. No hay que aguantar: el operador frena la compresión, o incluso baja un poco la presión, y te da tiempo. Es un procedimiento normal y pasa seguido. Nadie se va a molestar.
- Estás resfriado
- Tenés la nariz congestionada
- Tenés gripe o fiebre
- Podrías estar embarazada
- Te cambiaron la medicación
- Te quedó doliendo un oído
- Te angustian los lugares cerrados
No es una formalidad de la primera vez: es antes de cada sesión. Un resfrío que ayer no tenías te tapa la trompa de Eustaquio y hoy no vas a poder compensar. Avisar puede significar reprogramar, y eso es mejor que un oído lastimado.
Qué vas a sentir adentro
Casi todo lo que se siente en la cámara es física, no es tu cuerpo avisando de algo.
- Un soplido fuerte al principio. Es el aire entrando. Dura lo que dura la compresión y después se calma.
- Calor mientras sube la presión. Comprimir un gas lo calienta: es inevitable y es pasajero.
- Frío al final, y a veces niebla. Al descomprimir pasa lo contrario, y en días húmedos el vapor del aire se condensa y se forma una neblina adentro. Se ve raro la primera vez. Está bien.
- Tiempo, mucho tiempo. Son sesenta minutos sin pantallas. Podés leer, escuchar música, dormirte —que es lo que termina haciendo bastante gente— y, si estás en la biplaza o en la multiplaza, charlar con quien tengas al lado.
Nunca estás sin supervisión. Estés en la cámara que estés, el equipo te ve y te escucha durante toda la sesión, y hay comunicación en los dos sentidos. Cualquier molestia se dice cuando aparece, no cuando termina.
Después de la sesión
La mayoría sale y sigue con su día. Estas son las cosas que aparecen y que conviene tener escuchadas de antes, para que no te sorprendan.
- Sensación de oído tapado un rato. Es lo más común y se pasa solo. Si en cambio te queda dolor, avisá antes de la sesión siguiente.
- Sueño o cansancio. Bastante frecuente las primeras veces. Suele ceder a medida que avanza la serie.
- Hambre o bajón de azúcar. Por lo mismo de más arriba. Tener algo para comer a mano no está de más.
- Cambios en la vista en series largas. Con muchas sesiones seguidas algunas personas notan que ven peor de lejos. Es un efecto conocido del oxígeno a presión sobre el cristalino, es reversible y se va normalizando en las semanas posteriores al final de la serie. Si te pasa, contalo: no hay que cambiar los anteojos por eso.
El efecto adverso más frecuente de toda la terapia sigue siendo el barotrauma de oído, y es justamente el que la compensación previene. Por eso la sección de los oídos es la más larga de esta guía y no al revés.
No es una indicación médica. Si llegaste hasta acá sin haber pasado por la evaluación con nuestro equipo, ese es el primer paso y no este. Quién puede hacer HBOT y quién no se define en la consulta, con tu historia clínica adelante.
No sirve para autoevaluarte. Las contraindicaciones están listadas en la página de la terapia, pero esa lista no es para que decidas vos: la revisa el equipo médico en la evaluación previa.
No es para una urgencia. Hay cuadros que se tratan con oxígeno hiperbárico y son emergencias médicas: una intoxicación por monóxido de carbono, un accidente de buceo, una infección que avanza rápido. Eso no se resuelve pidiendo un turno: se va a una guardia, y desde ahí se deriva a una unidad hiperbárica de hospital. Nuestro centro trabaja con turno programado y otro tipo de indicación.
Preguntas que nos hacen
¿Es claustrofóbico?
Depende bastante de en cuál de las tres cámaras estés. La multiplaza de seis puestos es la que menos lo parece: hay luz, espacio y otras personas adentro, más cerca de la cabina de un avión chico que de un tubo cerrado. La monoplaza es más cerrada, porque entrás solo.
Si los lugares cerrados te angustian de verdad, decilo antes de reservar, no el día de la sesión. Es información clínica y cambia decisiones: puede definir en qué cámara te toca estar. Es una conversación para tener con el equipo y no algo para descubrir con la puerta cerrada.
¿Puedo manejar, entrenar o trabajar después?
La mayoría sale y sigue el día con normalidad. Dicho eso, las primeras sesiones pueden dejarte con sueño, y algunas personas notan el bajón de azúcar del que hablamos más arriba.
Si es tu primera vez, la recomendación práctica es sencilla: comé algo al salir, tomá agua, y no te agendes nada exigente pegado a la sesión hasta saber cómo te cae a vos. Para la segunda ya sabés.
¿Duele?
No. Lo único que puede molestar son los oídos si no compensás a tiempo, y para eso está la sección de más arriba. La terapia en sí no se siente: estás recostado respirando.
¿Cuántas sesiones voy a necesitar?
Depende de para qué te la indicaron, y lo define tu médico. Lo que sí es general: los efectos son acumulativos. Se trabaja en series, no en sesiones sueltas, y una sola no es una prueba de nada.
¿Puedo ir solo o necesito que me acompañen?
Podés venir solo. Se sale caminando y en condiciones de seguir el día. Si es tu primera vez y preferís venir acompañado, tampoco hay problema.
¿Puedo entrar el celular?
No. Nada con batería entra a la cámara, por el riesgo de chispa en un ambiente rico en oxígeno. Es la regla que más cuesta y la que menos se negocia. Se guarda afuera con el resto de tus cosas.
Llegué tarde. ¿Puedo entrar igual?
Una vez que la cámara arrancó la compresión, no se abre para que entre alguien más: hacerlo obligaría a despresurizar con gente adentro. Es la razón por la que la puntualidad acá pesa más que en cualquier otro turno del centro. Si ves que no llegás, avisá por WhatsApp lo antes posible y se reprograma.
¿Te quedó una duda antes de tu sesión?
Escribinos y te contesta una persona del equipo.
Escribinos por WhatsApp →Esta guía es orientativa y no reemplaza la consulta médica ni las indicaciones que te dé el equipo el día de tu sesión. Toda terapia en Biowellness se realiza con evaluación y prescripción de nuestros profesionales, y se registra en tu historia clínica (Ley 26.529). El tratamiento de tus datos se rige por la Ley 25.326.